Él estaba mirando hacia arriba, sentado al borde de la montaña más alta del mundo. Detrás tenía un pasto verde impresionante, que nacía de la tierra y vibraba levemente como si hubiese sido pintado con el color de las estrellas. En sus manos tenía una caña de pescar apuntando hacia el frente y la cuerda colgaba hacia abajo hasta que se perdía en el abismo.
De pronto, apareció un señor sentado en una carreta de cristal tirada por mil caballos azules. Los pasos de los caballos estaban sincronizados y por cada golpe en el suelo blando, se sentía un estruendo capaz de echar abajo todos los edificios de la ciudad. Por suerte, en ese lugar no había edificio alguno.
Al sentirse amenazado, recogió la caña, se puso frente al señor y le dijo:
- No creo en tí.
- No es necesario si yo creo en tí. – le respondió.
Al darse cuenta de lo irreal de la situación, tuvo que llegar a una obvia conclusión, y con voz fuerte y altanera replicó:
- Esto es un sueño.
- ¿Y qué es un sueño?.
- Todo lo que se vive mientras se está durmiendo.
Y entonces despertó.
