sin comentarios El tiempo voraz
publicado Junio 6, 2010 por admin en .léemeSentado estuvo un rato, viendo las nubes pasar. Contemplando el tiempo correr, como agua entre los dedos, mientras que en algún sitio el viento erosiona las dunas.
Qué cosa tan absurda, pensó. Aquello de que el tiempo sólo se puede comprar con palabras, porque ni el dinero puede pagar su valor. Pero las palabras, sí, las palabras. Las palabras son capaces de crear y destruír, son todos los sentidos juntos.
Sobre la vida y lo efímera que es, desmedida. Un minuto más o uno menos, quien sabe. Lo único que hacemos es esperar. Es la clave de la vida: esperar. Esperamos lo único seguro que podemos tener, lo único seguro que siempre habrá en todo. Si es que la palabra seguridad existe, los finales son seguros.
Recuerdo haber visto al Leviatán a los ojos, existe. No en miedo me acerqué para ver mejor, se dejó. Quizás lo hizo para que pudiese ver en la profundidad de sus ojos, los cuales contaban historias interminables de tiempos eternos. Pero en el fondo también llenos de melancolía parecían expresar su sabiduría de que el fin llegaría.
Escuchó una voz profunda cuyo origen no comprendía. Salía de su frente, entre sus dos ojos. Le decía algo repetitivo, como en espiral. Voluta que se iba haciendo cada vez más grande, dolor intenso hasta hacerlo llorar, por el tamaño quizás.
Enrollados todos los pensamientos, era la única forma de caber allí, en esa cabeza finita que algún día estaría llena de parásitos. O pensamientos parásitos quizás que luego serían reemplazados por gusanos, sería más fácil de ver así, ¿o no?
Porque lo único seguro es el final, no queda más sino esperar. Mientras tanto, es mejor disfrutar de la estadía.

