Es impresionante la forma en la cual han logrado cambiar al mundo. ¿Es que no lo ves?. Ahora todo es artificial.
Lograron ponernos piernas artificiales que ahora nos hacen recorrer distancias nunca antes imaginadas. Nos hicieron alas de acero que son capaces de transportarnos a lugares remotos. Ya el mundo está muy visto, no hay lugar qué descubrir. Así con los sentidos también, tenemos ojos, oídos y bocas artificiales que son capaces de mostrarnos y hasta transformar todo lo que ocurre a nuestro alrededor.
Implantaron ideas en nuestra mente. Pensamientos y sentimientos. Nos sembraron conceptos que una vez allí dentro, jamás podremos librarnos de ellos. Reemplazaron los puños por las palabras, aunque en el fondo sigue siendo lo mismo, quien gana es quien mejor pega, quien mejor argumenta.
Lo que nos rodea es una extensión de la realidad.
Me pregunto cómo sería la vida primitiva, cómo sería por un momento despojarse de los artilugios y sentir por primera vez lo que se siente ser un humano. Claro que es cuestionable, todo esto es cuestionable, como si fuese una paranoia común de algún ser aleatorio en el universo que estuviese preguntándose esas cosas que no comprende. Como si no fuese suficiente irse a un prado, a una isla desierta o a la selva para experimentarlo.
Pues no. No sólo me refiero a eso.
Me pregunto si hubiese existido la felicidad antes de que existiera algún artefacto. Si existía el bien y el mal, y el amor que tanto se predica, y la guerra que no se debe hacer sino más bien el amor. Me pregunto si existía eso a lo que llamamos sentimientos, que aunque todos saben lo que es, creo que pocos podrían definirlo con certeza.
Nos han cambiado. Nos han educado quizás, pero ¿qué es eso llamado educación?. Nos han robado nuestra esencia animal, nos han enjaulado la mente para que no podamos ser libres.
¿Qué es esto? ¿Qué es lo que nos rodea? ¿Por qué soy parte de ello?
Estrelló el vaso contra el suelo. Fue a comprar comida suficiente. Se encerró en la casa. Trabajó día y noche hasta conseguirlo.
Se hizo cinco máscaras: La Uno le permitía ser cordial, ameno, agradable ante los demás, hacía que todas las mujeres cayeran frente a él y los hombres hicieran su voluntad. La Dos era la de la pedancia, la rabia, la ira y la fuerza. La Tres lo convertía en alguien constante, decidido y luchador. La Cuatro lo hacía poseedor de una amplia memoria y una gran capacidad de razonamiento. La Cinco le daba el poder de transformar cualquier cosa en otra, indistintamente de si se trataba de destrucción o construcción.
Las utilizaba una a la vez, dependiendo de cuando necesitase las capacidades que le proveían. Sólo cuando estaba sin alguna de las máscaras puestas, se podía ver a un ser tan simple como un animal, instintivo, vulgar, al que sólo le interesaba satisfacer sus necesidades básicas y las máscaras eran simplemente un medio para ello.
Cansado de tener que usarlas una a la vez, intentó ponerselas todas juntas. Al tomar contacto entre ellas, las máscaras empezaron a fusionarse de forma violenta, haciendo destellos de luces de todos los colores. Sintió un calor en su rostro como si estuviese frente al mismo sol, temiendo por un momento quedar desfigurado. Corrió hacia el espejo y se miró pero no pudo ver nada extraño, tan sólo los últimos destellos de colores que salían de las máscaras que ahora eran una sola, transparente por completo y completamente adherida a su cara.
Los pensamientos cesaron, las inquietudes se esfumaron. Empezó a sentir entonces aquella cosa llamada normalidad. Una paz que nunca había experimentado lo llenó por completo. Fue de esta forma que al fin logró convertirse en un individuo útil para la sociedad.
