sin comentarios
La Bolsa
publicado Septiembre 10, 2009 por admin en .léeme
Todo empezó con un borracho.
Iba de la güaira a caracas.
Ebrio de felicidad.
Su mejor día.
El sueldo en caña.
Subía a cien.
Miró por la ventana.
Su esposa a la derecha.
Su hijo en el centro.
En un carro de los viejos.
Comía papas fritas.
Las sacaba de una bolsa.
Miró por la ventana.
El viento le pegaba.
A veces frío el viento.
A veces cálido era.
Pensó que todo tenía vida.
Decidió lanzarla.
La bolsa por la ventana.
Se detuvo el tiempo.
Un momento pensó.
Aquella bolsa con vida.
El pequeño la vió.
Veinte años después.
Él repite la acción.
Cada vez que sube.
La ventana y la bolsa.
Basura al exterior.
sin comentarios
Apología de un humilde estudiante
publicado Septiembre 3, 2009 por admin en .léeme
I – Canto introductorio
Sintiendo alfileres en los pies
acudí a ti mi maestro
para poder revelar tal vez
aquel antiguo secreto.
Quise aprender de más
por aquello de querer superar
lo que supuse un punto de partida,
no supe bien actuar.
Sabiendo aquello lo hice,
Sabiendo aquello lo quise,
Sabiendo di,
Un paso al frente al vacío.
II – Canto revelatorio
Oh maestro, tu tan sabio,
yo te reto con mi esencia.
Tu conocimiento es más amplio,
pero al final valdrá
mi insistencia.
Tal vez yo tenga una ventaja,
y es aquella mi única arma.
Mirando desde muy abajo,
trataré de apuntar a la rama.
En aquel árbol se encuentra
el fruto sabio de la inocencia.
Si tan sólo me alimento
de su deliciosa esencia,
¿dejarás tu mi Maestro
a un lado tu experiencia
y al fin prestarás atención
a mi muestra quijotesca?
III – Canto conclusivo
De ti me alimenté una vez,
fue por ti que me nutrí.
Pero aquel fruto delicioso,
al ver no pude resistir
y tirando de la rama
un mordisco le metí.
Ahora por inocente
la discordia he producido
tanto mal ha florecido
dentro de ti mi gran maestro.
Prefiero ser inocente,
que es errar por curiosidad,
a tal vez ser ignorante,
que errando también,
pero con orgullo,
es más bien maldad.
sin comentarios
Un lluvioso día de verano
publicado Septiembre 2, 2009 por admin en .léeme
Lloviznaba levemente. Esa llovizna por la tarde que produce unas inmensas ganas de dormir junto a alguien.
Ella salió un rato y mirando por entre las columnas de la funeraria dejó escapar una lágrima. No lloraba por él, más bien lloraba por ella misma. Quizás por la lluvia, la melancolía es inevitable.
No tenía la mirada fija en algo sino en una idea. Aquella idea tan importante que permitía que todo alrededor desapareciera, dejando sólo un rastro de colores en su visión.
La vi y comprendí su dolor. Sentí su alegría.
- Señor, se cruzó un semáforo, dio una vuelta en U no permitida y pasó de largo un paso peatonal.
Por bajar la ventana me pescó un resfriado. Y digo que me pescó porque sentí una gota engarzar mi labio superior, luego sentí los viriones replicándose en mi boca.
De verdad no comprendo esta ciudad. En la mañana parece La Habana y por la tarde parece Londres.
Todo empezó con un borracho.
Iba de la güaira a caracas.
Ebrio de felicidad.
Su mejor día.
El sueldo en caña.
Subía a cien.
Miró por la ventana.
Su esposa a la derecha.
Su hijo en el centro.
En un carro de los viejos.
Comía papas fritas.
Las sacaba de una bolsa.
Miró por la ventana.
El viento le pegaba.
A veces frío el viento.
A veces cálido era.
Pensó que todo tenía vida.
Decidió lanzarla.
La bolsa por la ventana.
Se detuvo el tiempo.
Un momento pensó.
Aquella bolsa con vida.
El pequeño la vió.
Veinte años después.
Él repite la acción.
Cada vez que sube.
La ventana y la bolsa.
Basura al exterior.
sin comentarios
Apología de un humilde estudiante
publicado Septiembre 3, 2009 por admin en .léeme
I – Canto introductorio
Sintiendo alfileres en los pies
acudí a ti mi maestro
para poder revelar tal vez
aquel antiguo secreto.
Quise aprender de más
por aquello de querer superar
lo que supuse un punto de partida,
no supe bien actuar.
Sabiendo aquello lo hice,
Sabiendo aquello lo quise,
Sabiendo di,
Un paso al frente al vacío.
II – Canto revelatorio
Oh maestro, tu tan sabio,
yo te reto con mi esencia.
Tu conocimiento es más amplio,
pero al final valdrá
mi insistencia.
Tal vez yo tenga una ventaja,
y es aquella mi única arma.
Mirando desde muy abajo,
trataré de apuntar a la rama.
En aquel árbol se encuentra
el fruto sabio de la inocencia.
Si tan sólo me alimento
de su deliciosa esencia,
¿dejarás tu mi Maestro
a un lado tu experiencia
y al fin prestarás atención
a mi muestra quijotesca?
III – Canto conclusivo
De ti me alimenté una vez,
fue por ti que me nutrí.
Pero aquel fruto delicioso,
al ver no pude resistir
y tirando de la rama
un mordisco le metí.
Ahora por inocente
la discordia he producido
tanto mal ha florecido
dentro de ti mi gran maestro.
Prefiero ser inocente,
que es errar por curiosidad,
a tal vez ser ignorante,
que errando también,
pero con orgullo,
es más bien maldad.
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Un lluvioso día de verano
publicado Septiembre 2, 2009 por admin en .léeme
Lloviznaba levemente. Esa llovizna por la tarde que produce unas inmensas ganas de dormir junto a alguien.
Ella salió un rato y mirando por entre las columnas de la funeraria dejó escapar una lágrima. No lloraba por él, más bien lloraba por ella misma. Quizás por la lluvia, la melancolía es inevitable.
No tenía la mirada fija en algo sino en una idea. Aquella idea tan importante que permitía que todo alrededor desapareciera, dejando sólo un rastro de colores en su visión.
La vi y comprendí su dolor. Sentí su alegría.
- Señor, se cruzó un semáforo, dio una vuelta en U no permitida y pasó de largo un paso peatonal.
Por bajar la ventana me pescó un resfriado. Y digo que me pescó porque sentí una gota engarzar mi labio superior, luego sentí los viriones replicándose en mi boca.
De verdad no comprendo esta ciudad. En la mañana parece La Habana y por la tarde parece Londres.
I – Canto introductorio
Sintiendo alfileres en los pies
acudí a ti mi maestro
para poder revelar tal vez
aquel antiguo secreto.
Quise aprender de más
por aquello de querer superar
lo que supuse un punto de partida,
no supe bien actuar.
Sabiendo aquello lo hice,
Sabiendo aquello lo quise,
Sabiendo di,
Un paso al frente al vacío.
II – Canto revelatorio
Oh maestro, tu tan sabio,
yo te reto con mi esencia.
Tu conocimiento es más amplio,
pero al final valdrá
mi insistencia.
Tal vez yo tenga una ventaja,
y es aquella mi única arma.
Mirando desde muy abajo,
trataré de apuntar a la rama.
En aquel árbol se encuentra
el fruto sabio de la inocencia.
Si tan sólo me alimento
de su deliciosa esencia,
¿dejarás tu mi Maestro
a un lado tu experiencia
y al fin prestarás atención
a mi muestra quijotesca?
III – Canto conclusivo
De ti me alimenté una vez,
fue por ti que me nutrí.
Pero aquel fruto delicioso,
al ver no pude resistir
y tirando de la rama
un mordisco le metí.
Ahora por inocente
la discordia he producido
tanto mal ha florecido
dentro de ti mi gran maestro.
Prefiero ser inocente,
que es errar por curiosidad,
a tal vez ser ignorante,
que errando también,
pero con orgullo,
es más bien maldad.
sin comentarios
Un lluvioso día de verano
publicado Septiembre 2, 2009 por admin en .léeme
Lloviznaba levemente. Esa llovizna por la tarde que produce unas inmensas ganas de dormir junto a alguien.
Ella salió un rato y mirando por entre las columnas de la funeraria dejó escapar una lágrima. No lloraba por él, más bien lloraba por ella misma. Quizás por la lluvia, la melancolía es inevitable.
No tenía la mirada fija en algo sino en una idea. Aquella idea tan importante que permitía que todo alrededor desapareciera, dejando sólo un rastro de colores en su visión.
La vi y comprendí su dolor. Sentí su alegría.
- Señor, se cruzó un semáforo, dio una vuelta en U no permitida y pasó de largo un paso peatonal.
Por bajar la ventana me pescó un resfriado. Y digo que me pescó porque sentí una gota engarzar mi labio superior, luego sentí los viriones replicándose en mi boca.
De verdad no comprendo esta ciudad. En la mañana parece La Habana y por la tarde parece Londres.
Lloviznaba levemente. Esa llovizna por la tarde que produce unas inmensas ganas de dormir junto a alguien.
Ella salió un rato y mirando por entre las columnas de la funeraria dejó escapar una lágrima. No lloraba por él, más bien lloraba por ella misma. Quizás por la lluvia, la melancolía es inevitable.
No tenía la mirada fija en algo sino en una idea. Aquella idea tan importante que permitía que todo alrededor desapareciera, dejando sólo un rastro de colores en su visión.
La vi y comprendí su dolor. Sentí su alegría.
- Señor, se cruzó un semáforo, dio una vuelta en U no permitida y pasó de largo un paso peatonal.
Por bajar la ventana me pescó un resfriado. Y digo que me pescó porque sentí una gota engarzar mi labio superior, luego sentí los viriones replicándose en mi boca.
De verdad no comprendo esta ciudad. En la mañana parece La Habana y por la tarde parece Londres.