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Intervención divina

Estaba en la playa un tipo ateo, disfrutando el sol, el mar y las mujeres. Estuvo durante un largo rato, entre la música que emanaban aproximadamente cincuenta carros a su alrededor y el ron.

Al caer la noche sintió ganas de mear, así que se apresuró a un oscuro lugar que quedaba junto a un quiosco y una palmera. Un fuerte olor avinagrado se apoderaba del ambiente, pero él no sentía absolutamente nada al tener todos sus sentidos dormidos por el alcohol.

Detras de su espalda, por el lado derecho, apareció un sujeto con una pinta extraña. Su barriga era redonda como la de Buda, la barba de Jesucristo, la mirada de Nietzsche y los bigotes de Fu Manchu. Al voltear levemente se pegó un susto que del brinco le hizo orinar sus sandalias.

- Hola. – Dice el misterioso personaje.
- ¿Estás loco? que susto me has dado.
- Soy Dios.

Pensó por un minuto esa última frase antes de responder con alguna cosa. Lo miró completamente. Volvió a pensar: ¿Dios?. Atónito por completo, quedó sin respuestas ni palabras. Pasó un minuto. Cinco.

El personaje misterioso lo miraba fijamente. Lo miraba con esos ojos que parecían escudriñar en lo más profundo de su alma. Él todavía ni se movía.

Lógicamente lo primero que le vino a la cabeza fue que había bebido demasiado. Luego pensó que no. La bebida no es capaz de hacer eso; en sus treinta y tantos años de vida y veinte de bebedor jamás le había sucedido una situación similar. Quizás serían las ostras que tenían algo extraño, pensó. Hay unas ostras alucinógenas, pensó. Pero que va, tampoco podría ser eso, porque si no el resto de sus amigos estarían haciendo angelitos en la arena.

Volteó a ver a sus amigos. Estaban actuando de forma normal: Algunos bebiendo en sus sillas, otros en el mar y un par bailando al ritmo del ruido que los rodeaba.

De nuevo observó que el personaje misterioso seguía allí. Parecía más bien una foto, o uno de esos muñecos de cartón que utilizan para hacer publicidad en los cines. Su mirada seguía clavada en el mismo punto de antes. Hasta las gotas de sudor que corrían por su enorme panza parecían estar suspendidas en el tiempo.

Decidió entonces interactuar.

- ¿Así que eres Dios eh?
- Sí, y vine a darte un mensaje muy importante.
- Primero necesito que me expliques por cual razón debería yo creer que tú eres Dios. Si logras explicarme eso de una manera contundente, quizás podría escuchar el resto.
- Eres ateo. El hecho de que no creas en mi no significa que no existo.

Un frío calambre corrió por toda su espalda, tanto así que lo inmovilizó por completo. La sabiduría de ese ser era obviamente superior a la de cualquier ser humano. Sus palabras parecían llegar más allá de lo comprensible, parecía que en cada tono, en cada frase que expulsaba de su ser estuviese oculto un significado subjetivo tan profundo que dudar de ello sería una estupidez.

Se quedó mudo por completo. Se miraron un rato más.

Antes de desaparecer, Dios le dejó el mensaje definitivo:

- Deja de mear aquí que después se me llena el quiosco de moscas.


un comentario en “Intervención divina”

  1. Arytheia dijo...

    Jajajajaaja! Qué bolas che, esta vaina es genial, me reí mucho… xD

    5:38 - Mayo 2nd, 2010

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