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Soberbio espacio para la difusión de la vida y obra de Braian L. Gómez.

Sobre mi


Nací en un año del Cerdo de agua, signo que de por sí es de agua. Nací un día sábado, en un mes del Cerdo y a una hora del Cerdo. Orientalmente hablando, soy todo un Cerdo pues.

Mis padres decidieron nombrarme Braian. Mi nombre surgió de un razonamiento lógico. En la década de los ochenta, en un país plagado por nombres comunes escritos en español, tener un nombre anglosajón sería bastante traumático. Así que para ahorrarme el trauma, mis padres decidieron traducir fonéticamente al español el nombre anglosajón “Brian” para evitar eventuales equivocaciones a la hora de cómo pronunciarlo.

El detalle que ellos quizás no pensaron era que no siempre mi nombre iba a estar escrito en una calcomanía a la altura de mi pecho y que eventualmente iba a tener que expresarlo de forma hablada a la hora de presentarme. Así entonces surgió uno de mis problemas fundamentales, el de cómo decir mi nombre.

Al decirlo lo han escrito “Brayan”, “Brallan”, e inclusive “Brian” o “Bryan” que es lo que mis padres más temían. Hasta han escrito “Brain”, lo cual de alguna forma me causa gracia y hasta me hace sentir bien. Peor aún, lo han equivocado con “Fredi”, pero eso ya es falta mia por no saber pronunciar fuerte y claro. Entonces cada vez que alguien se presenta ante mi preguntando mi nombre, con un bolígrafo amenazante encima de alguna superficie con la intención de escribirlo allí, yo insisto en decir “Be, ere, a, i con puntico, a, ene”.

Complicado y Caótico

Además de tener bastante problema con la tropicalización de mi nombre y lo anteriormente dicho, en algún momento de mi vida se me presentó otro problema, y es el de separar mi nombre en sílabas. Todavía me embarga la duda de si es “bra-i-an” o “bra-ian”. Creo que de la primera forma sería más entendible a la hora de decirlo, pero siempre termino deletreándolo.

El desorden siempre estuvo allí. No sé si por lo Cerdo o lo tropical, el detalle es que allí sigue estando. Aprendí a aceptarlo, a hacerlo parte de mi e hice un pacto con el Caos: tu me echas una mano y yo te dejo quieto. De nada sirve luchar con mi naturaleza, y mucho menos si esta es caótica.

Si quizás no fuese tan Cerdo y tuviese un nombre más común, probablemente sería menos complicado y caótico. Pero ya a estas alturas, igual da, que si la virgen fuera andina…

Hacker y Poeta

Un hacker no es aquel que viola sistemas de seguridad, ni aquel que tiene acceso a la información de forma ilegal. Ser hacker es saber lo que se hace, cuando se hace y cómo se hace. Es como llegar a poseer la clave de todos los conocimientos que le pertenecen a la humanidad entera. Es intentar ganarla y si no se puede, por lo menos empatarla. Ser hacker es querer conocer más sobre lo que nos rodea y sobre uno mismo.

Un poeta no es aquel que escribe en verso, ni aquel que utiliza sinónimos rebuscados y poco frecuentes a palabras que tienen un significado simple. Ser poeta es hacer, hacer de la vida una poesía. Un poeta siente todos los días el olor de la mañana, cada destello de luz que se asoma en sus ojos, el sentimiento de estar vivo y las circunstancias que lo rodean. Ser poeta es expresar todos esos sentimientos, que algunas veces pasan desapercibidos, expresarlos de cualquier forma materializable, bien sea en letras, sonidos o cualquier otro medio.

Mi existencia se divide en dos caras, una científica y una artística, una es poeta y la otra es hacker. Ellas se conocen, se dan la mano y a veces toman café para charlar un rato. Son inseparables, amigas y se complementan.

Pero no por eso vengas a pedirme que averigue la contraseña de tu pareja o que te recite unas palabritas. El mundo ya está lleno de personas que pueden hacerlo, y yo al menos conozco a un par de ellas.

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(obligatorio y real)

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