Intentar escribir supone un gran esfuerzo. El secreto está en conseguir dividir el ego en dos. Uno debe convertirse en un buen escritor fantasma y el otro debe convertirse en alguien interesante con muchas historias que contar.

El bloqueo se produce al descubrir que no se tiene la paciencia suficiente para ser un escritor fantasma, ni se es lo suficientemente interesante como para compartir alguna historia.

Entonces los dos, luego de estar sentados durante largo rato mirándose fijamente sin cruzar palabra alguna, deciden encontrarse otro día y se toman un café de despedida.

 

En realidad me revienta las pelotas eso de unir-palabras-con-guiones, pero en este caso tuve que utilizarlo como un recurso para captar la atención de algunos. Si lo ponemos desde el punto de vista de Neil Strauss, diría que es un “opener”, si citamos a la versión en español de la red social badoo (sí, alguna vez tuve un perfíl allí), podríamos llamarlo un “rompehielos”.

Hace unos días leyendo en algún sitio que no recuerdo, leí un artículo que hablaba sobre cómo el uso de buscadores afecta la memoria. Tanto así es verdad esto, que tuve que buscar en google sobre el mencionado artículo porque no recuerdo dónde lo leí, acá el enlace.

El hecho es que, meditando sobre el tema, el cual no sé si tenga relación directa con lo siguiente, me he dado cuenta de el meollo en el cual estamos inmersos: El surgimiento del Arte dos-punto-cero.

Bien debería estar citando autores cuyas obras han sido reconocidas históricamente como joyas de la literatura. Debería citar a Wilde, Rimbaud, o (siguiendo la tendencia hipster que está muy de moda) algún otro autor underground con características de poeta maldito. Debería dejar rastros de Mitología Griega o algo similar para demostrar mi vasta formación como escritor respetable, pero en realidad no lo haré.

La diferencia entre unos cuantos siglos atrás y el presente obviamente es la capacidad de hacer llegar las obras al público. Antes muy poca gente sabía escribir. De los que sabían escribir, pocos podían hacerlo de forma fluída. De estos últimos, pocos llegaron a publicar su trabajo. Pero desde hace un tiempo hasta ahora, con el boom de la comercialización del arte, podría llegarse a la conclusión de que en un punto todos quisieron ser artistas y por ese motivo la oferta superó a la demanda. Esta situación dio como resultado una comunidad de desempleados graduados con títulos relacionados con el arte, o en el mejor de los casos, desempeñando ocupaciones que no tenían absolutamente nada que ver con ellos.

Es justo en ese punto de la historia cuando yo me refiero a la “prostitución del arte”. Característica de ello son todas esas denominaciones como: sellos discográficos, galerías de arte, curadores, representantes, agencias, castings, concursos, etcétera.

Actualmente, una legión de artistas-dos-punto-cero pulula por la red. Son indetenibles: pueden publicar sin mucho esfuerzo. Son capaces de producir de forma independiente trabajos escritos, musicales y audiovisuales y hacerlos disponibles apenas con un clic. Incluso pueden hacer cualquier otro tipo de trabajo artístico que no pueda ser digitalizable y aún así utilizan el medio (Internet) para hacerlo llegar al público. Es impresionante de verdad.

Otra de las características que marca esta generación, es que obviamente las influencias son distintas a las clásicas influencias que podrían esperarse de cualquier Licenciado en Artes común y corriente. Como dije anteriormente, dejarán de citar a los dinosaurios para empezar a citar a los heroes del presente. Presente que poco a poco se va volviendo antiguo y automáticamente empieza a formar parte de la historia post-post-moderna.

Se citará con direcciones de internet, con videos de youtube, con cuentas de twitter, por lo general con seudónimos y rara vez con un nombre real, aunque la verdad es que se está dejando de lado el anonimato para firmar con nombres reales.

Es lamentable para mi darme cuenta de esto a estas alturas del juego, ya que no estoy haciendo una proyección futurista sino más bien haciendo un análisis del presente. Sin embargo, me considero parte de esta “nueva camada”, quizás para quitarme algunas responsabilidades de encima y poder escribir como me da la gana y luego escudarme en una frase sencilla: “Soy dos-punto-cero”.

Así que, dejemos que nuestra vida se llene de memes, eso no nos hará menos cultos.

Aún así, dejaré constancia de que existió alguna vez un mundo en el cual no se utilizaban correctores ortográficos. Así que si por casualidad pillan un error, podrían gentilmente avisarme sobre ello.

 

Si un hombre cae al agua desde una embarcación, se grita “Hombre al agua”. Si sucede lo mismo pero esta vez al suelo y desde la cama, ¿Cómo se diría?

…Y así es que nace (o renace) la escritura: De la tristeza.

De las noches sin dormir, de un poco de sinsentido, de estar clavado en el mismo lugar o pensar que así es.

La verdad es que decidí hacerme escritor luego de ver quien sabe cuantas horas de series que hablan sobre escritores, de leer quien sabe cuantos libros que hablan de lo mismo, de pensar en lo excitante que sería vivir una vida de escritor, así, casi como un Rockstar pero sin necesidad de aprender a tocar guitarra.

Entonces agarré un puñado de palabras, las metí en una licuadora, les puse un poco de Jack Daniels y pa’ dentro.

Sinceramente no me regañó tanto el licor, sino algunas palabras que realmente eran difíciles de digerir. Y entonces me encuentro estancado, en una noche sombría, con miedo de encender la lámpara de la mesa de noche porque no deseo gastar más electricidad de lo habitual, mientras escucho cómo el viento retumba en la gran pared de asbesto que está justo fuera de mi ventana y se asoma un cielo púrpura que pareciera sacado de un film-noir.

Al final todo tiene que ver con la tristeza. La verdad que se oculta detrás de todo este tema de escribir es un mero intento de mejorar la autoestima. No es que se tenga un don, ni mucho menos una capacidad asombrosa de comprensión de las cosas, simplemente algunos encriptan tanto las palabras, que logran que un puñado de ellas sean capaces de provocar distintos sentimientos en aquellos pobres consumidores de letras, los cuales luego se regodean de haber descifrado “lo que quizo decir” aquella “musa literaria”.

Algunos dicen “oh, es el mejor”, mientras otros dicen “vaya mierda”, pero en el fondo es casi lo mismo. Lo que todos tienen en común es que todos dicen. Mientras tanto, a lo largo del tiempo, no se dan cuenta de que aquella obra críptica es simplemente un pedazo de la vida del pobre individuo que la creó: siendo siempre autobiográfica y, como tal, triste.

Y en eso, mis amigos, anónimos todos, se resume mi obra: lo pasado, presente y futuro, así que no tiene caso volver a pasar por acá con ínfulas de criptólogo, antropólogo o literólogo, si es que la última palabra existe.

Lo que sí prometo es que no dejaré de escribir hasta recuperar mi autoestima, aunque en el futuro pueda llegar a arrepentirme de ello y luego deba sentirme apenado.

Creo que acabo de ver una luciérnaga en el cuarto.

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